Video 5. Libro II | Actualización de las Sociedades Indígenas de Córdoba

En esta segunda parte del vídeo de presentación del Libro II «Los Otros Cordobeses», los autores nos sumergen en el análisis político de las sociedades originarias que habitaron la región de Córdoba antes de la expansión del Tawantinsuyu.

A través del prisma de la antropología política, el libro examina comunidad por comunidad, contextualizando su organización en el marco de los cuatro modelos delineados inicialmente en nuestro podcast anterior «Modelos Políticos Originarios Antes de la Intervención Inca«.

 

Resumen de los contenidos del video podcast

1. Sociedades sin Estado

– 1.1. Sociedades de lengua Het. Querandíes y otros Pampas. Se trata de pueblos cazadores-recolectores organizados de manera segmentada, igualitaria y fuertemente centrados en la autonomía grupal y la movilidad territorial. Deliberadamente, su ethos nacional no recurre a una diferenciación social significativa, estableciendo instituciones que evitan la acumulación de poder político centralizado. El poder se gestiona directamente a través de los roles intra familiares. En palabras de los autores, “legando al registro arqueológico campamentos dispersos, tecnologías líticas móviles y una toponimia rica en voces caguán y het”.
– 1.2 Lule-Vilela. Aunque situadas en el otro extremos del espacio cordobés, estas sociedades presentan rasgos similares, conservando su autonomía y relaciones socio-políticas basadas en el parentesco y la cooperación, un rasgo destacado por la ausencia sistemática de estructuras de poder coercitivo permanente.

– 1.3. Esquema del Modelo No-Estatal Pampeano

Los autores sistematizan los mecanismos y categorías institucionales que definen la organización política y social de las naciones «pampas», en los siglos 15 y 16, de la siguiente manera:

1. Organización Segmentaria
Distribución horizontal del poder político mediante comunidades autónomas y autosuficientes representadas por voceros o «jefaturas» temporales, entre los taluhets, diuihets, tehuelhets, y, fuera del ámbito cordobés, también los charrúas. Estos «jefes» solo ejercían liderazgo por su elocuencia, consenso y mérito.

2. Movilidad Territorial
Campamentos dispersos y residencias migratorias que impedían la sedentarización y la creación de jerarquías espaciales o administrativas.

3. Guerra-Alianza Ritual
Conflictos endémicos y guerrillas rituales que preservaban la autonomía grupal de las parcialidades y dificultaban la integración política duradera. Guerra y Alianza conforman dos caras de la misma moneda.

4. Economía de Reciprocidad
Redes de intercambio directo e igualitarismo económico, impidiendo la acumulación centralizada o el surgimiento de elites redistributivas. La reciprocidad no solo atañe a los humanos sino a todo el entorno, los poderes telúricos y celestes —sol, luna, ciclos recurrentes, singularidades, tiempo— tienen el mismo rango que las comunidades humanas y entran en juego político.

2. Sociedades contra el Estado

Lenguas Guaycurúes, Abipones y Mocovíes.  Se trata de sociedades eminentemente guerreras, con mecanismos institucionales para neutralizar acumulación de poder. Como señalan los autores: “Las asambleas y la rotación periódica de líderes impedían que la autoridad se perpetuara, mientras que la cultura del combate estaba ritualizada, disuadiendo la emergencia de jefaturas hereditarias”. Son expresiones locales de la contra-concentración política estudiada por Pierre Clastres en sociedades nativas sudamericanas.

– Impacto en el Espacio Cordobés. Los ataques de las partidas de guerra se concentraban en la zona estratégica ubicada al sur de la laguna de Mar Chiquita, atravesada por el Río Segundo, una ruta ancestral que permite el acceso desde los grandes ríos de las tierras bajas y que posteriormente, en los siglos 18 y 19, se conoció como la “Frontera del Tío». Para esa época dicha región conectaba Córdoba con Santa Fe y Buenos Aires, convirtiéndose en objetivo prioritario de estas acciones, por razones tanto económicas (principalmente ganado) como simbólicas (desafío al poder colonial de los Borbones primero y del gobierno post-colonial criollo, después). Desde este punto de vista la guerra endémica funcionaba deliberadamente como institución conservadora, que mantenía la fragmentación social y evitaba la emergencia de poderes centralizados que pudieran transformar estas sociedades en estructuras estatales.

No necesariamente estaban en contra de los extranjeros, sino en contra de la acumulación de poder dentro de su propia sociedad

A finales del siglo 15 y principios del 16, los funcionarios  y dirigentes del Estado Inca posicionados en la frontera empleaban la denominación “chunchos” para designar despectivamente a estos pueblos, categorizándolos como “no civilizados”, una idea que fue adoptada por los colonizadores hispanos y perpetuada posteriormente por los estados post-coloniales de Argentina, Bolivia y Paraguay, quienes mantuvieron similares categorías discriminatorias hacia estas sociedades. Desde la perspectiva de Clastres, que comparten los autores, los conflictos no representaban en realidad “barbarie” primitiva versus “civilización”, sino el enfrentamiento entre dos lógicas políticas incompatibles, a saber:

1. Lógica Centrípeta de las Sociedades estatales, ya fueran nativas, coloniales o post-coloniales, basadas en la centralización, jerarquía y concentración del poder.

2. Lógica Centrífuga de las Sociedades contra el Estado (abipones, mocovíes y nivaklés), basadas en la guerra como garante de fragmentación, igualdad y reciprocidad.

3. Sociedades con Jefaturas Fuertes y Confederaciones

– 3.1 Lenguas Arawak (Tonokoté, Chaná-Timbú) y Guaraní (Chiriguano): Estas sociedades demuestran una tendencia a la centralización jerárquica y el desarrollo de estructuras de liderazgo intercomunitario, así como alianzas de larga duración e incluso confederaciones, aunque sin consolidar aún el modelo estatal con funcionariado e instituciones de control político claramente diferenciadas del resto de la sociedad.

3.2 Confederaciones Arawak. La evidencia arqueológica muestra aldeas nucleares y redes de intercambio y productividad basada en grandes alianzas. Las fuentes primarias nos hablan de grandes confederaciones con fuerte base demográfica y obra pública inter-comunitaria, por ejemplo, las primeras crónicas hispanas describen como, al norte de Mar Chiquita, en lo que hoy es Santiago del Estero, la Confederación Tonokoté Shuri (o Juríes para los españoles) tenían la capacidad de realizar grandes obras de ingeniería hídrica, como por ejemplo, el desvío del Mishki Mayu (Río Dulce), para construir una gran presa de 100 kilómetros de largo, la que, al vaciarla, brindaba toneladas de pescado y tierras fértiles para la siembra domo alimentos de una cadena de ciudades establecidas a su vera.

– 3.3 El caso guaraní y chiriguano. El libro señala el surgimiento de “jefaturas regionales y grandes confederaciones guerreras, con cofradías de guerreros especializados —los temibles kereimbá— capaces de coaligarse para enfrentar amenazas externas o avanzar en la colonización de nuevas tierras”, en un modelo basado en tres pilares, Huerto-Caza-Ciudad, combinando a lo largo del ciclo anual, la productividad agrícola, el patrón tradicional del cazador selvático y la gestión política en la tava tekohá (tava=ciudad, tekohá=comunidad política) y más exactamente «Ñande Tava Tekoha ha Aty Guasu”: «Nuestro espacio de vida en la ciudad», «Nuestra asamblea política».

Además del Kerimbá, el surgimiento de corporaciones pan-guaraníes, por ejemplo la orden religiosa de los Karaí o profetas, permiten hablar de un proceso por el cual la sociedad guaraní comenzó a atravesar a partir de fines del siglo 15, una crisis de centralización política, en la que algunos mburuvichás (jefes territoriales), cada vez más poderosos, buscaban expandir su autoridad sobre diversas parcialidades, mientras los karaí (profetas nómadas que trascendían el orden local y parental) impulsaban una resistencia espiritual que se oponía al surgimiento de un Estado pan-guaraní, es decir a la concentración de poder en manos de los Mburuvichás.

Al mismo tiempo, las instituciones del tapií (domesticación de extranjeros) y del Tovahá (alianza mediante cuñadazgo) permitía la integración ritual, principalmente de tonokotés, charrúas y luego de europeos.

La tensión entre fuerzas centrífugas, que dificultaban la conformación de jerarquías rígidas y favorecían la igualdad social, y fuerzas centrípetas, que propiciaban la unidad y favorecían la concentración de poder, originó una grave crisis en el seno de la sociedad guaraní: por un lado, el liderazgo de los mburuvichás y la integración ritual a través del tapií favorecían la concentración, reforzando su poder territorial; por otro lado, la acción itinerante y pan-guaraní de los karaí, con su discurso de emigración hacia la Tierra Sin Mal, actuaba como contrapeso.

CERCO INCA AL ESTADO DIAGUITA. En azul los territorios donde el Imperio Inca poseía alguna de las modalidades de dominación; a saber, agentes delegados (qaraqara de Bolivia. diaguitas de Chile y tonokotés de Santiago del Estero), colonos (entre muchos otros, pulares, chimúes, cuyos, kaniaris, sacats etc. la mayoria de Perú y Ecuador), y grupos étnicos locales en su área de influencia política o franja de contención, con aliados o clientes del Estado Inca (principalmente de lengua arawak, como tonokotés, chanás y chané, a quienes los incas llamaban “chunchos”). En rojo, el expansionismo guaraní, el gran adversario de la expansión inca. En azul, penetración inca con flechas señalando la instalación de mitimaes. [ Mapa de elaboración propia para el libro “El Plan Inca para neutralizar a los diaguitas” de Sebastián Apesteguía y Jose Luis Picciuolo Valls, en prensa]

4. Sociedades con Estado

– Tiak Yta o Diaguitas: Pueblos de montaña con claras instituciones estatales precolombinas, tal como lo atestiguan, según los autores, “… los archivos coloniales refiriéndose a la presencia de curacas, estratos especializados y centros administrativos”. El registro arqueológico y documental muestra claras evidencias de diferenciación socio-funcional, como por ejemplo la existencia de plaza pública, fortificaciones militares y áreas de almacenamiento nodal (punto estratégico donde confluyen rutas y flujos de bienes y personas).

En el vídeo que estamos comentando, los autores citan un ejemplo proveniente de otros de sus libros, «El Plan Inca para Neutralizar a los Diaguitas» (en prensa):

«En el pasado, la existencia del Estado Diaguita podía verse a simple vista, no solo por las infraestructuras militares, de ingeniería minera o de regadío, las cuales requerían de gran coordinación de esfuerzos colectivos, sino también en la distribución del espacio público, y sobre todo en las conductas de los propias personas, en especial con la vestimenta y rituales de ciertos personajes que representaban el poder. Por ejemplo, en uno de los primeros contactos con españoles, quedó registrada la actuación de la Señora Laina Kacha, importante autoridad de las comunidades diaguitas de Copay Apu, hoy Copiapó, en Chile, “india muy rica y principal”, en palabras de los españoles que la conocieron en 1541. Esta dama, a quien los españoles llamaban Doña María Lainacacha, era una digna representante del poder diaguita de la época. Se desplazaba “en una litera muy bien aderezada, en hombros de indios con gran acompañamiento”, al mando del Jefe de la Casa Militar, llamado Kateo. Los españoles la trataban de forma acorde a su rango, como podemos ver en este fragmento,

“…. mandó (el general español Alonso de Monroy) que de su parte fuesen a Doña María (…) a rogarle viniese allí a verse con él, la cual fué llevada en una litera muy bien aderezada, en hombros de indios con gran acompañamiento. El General Alonso de Monroy le salió a recibir al camino con mucha gente española y la abrazó y la llevó por la mano a un estrado, que tenía preparado con alfombra y cojín, que le trajo del Perú para este efecto (…) Siendo ya la hora de comer, la convidó con mucho amor y la sentó a la cabecera de la mesa y con ella al capitán Cateo, dándoles un suntuosos banquete …” (Mariño de Lobera [1575] 1865:Capítulo XXIII).

Proyección del Poder Inca y Política Mitmaqkuna

El anterior panorama conforma según los autores el escenario político de lo que desde la arqueología se ha dado en llamar horizonte preincaico, focalizándonos en lo que hoy es el espacio crodobés. Ahora bien, en el libro II «Los Otros Cordobeses» y sobre todo en el próximo «Los Incas en Córdoba«,  se ofrecen relatos directos sobre la reconfiguración geopolítica bajo la intervención del Imperio Inca, específicamente en el NOA y en el espacio de influencia económica, abastecimiento y conexión con regiones más alejadas que lo rodeaba.

Vaya a modo de ejemplo el siguiente párrafo:

“Tupaq Yupanqui descendió de los Andes, atravesó el NOA (Noroeste Argentino) y, tras someter al núcleo diaguita, colocó mitimaes—poblaciones trasladadas por la administración incaica— en enclaves estratégicos de la franja de contención sur. Entre ellos, mitimaes chachapoyas y paltas, cuya dispersión se realizó hacia el sur del Kollasuyu (Ilse Schjellerup), los cuales junto a la presencia de Chimúes en Tucumán (Margarita Gentile), Sicuanis en Salta (Ana Lorandi) o Cuyos en Mendoza (Alejandro garcía), crean un macro escenario de fuerte intervención política incaica en NOA, Cuyo, Mesopotamia Santiagueña y Sierras Centrales.»

Segun los autores, la colonización incaica del Kollasuyu (específicamente el posicionamiento de colonos o mitmaqkuna), incluyó parte del territorio que hoy llamamos Provincia de Córdoba, a la manera de un espacio bisagra: soporte para el control —y eventual cerco— de las confederaciones diaguitas, y simultáneamente como colchón defensivo ante presiones guaraníes y chaqueñas.

Este examen plural y detallado ilustra la extraordinaria multiplicidad y complejidad del mosaico sociopolítico cordobés prehispánico, demostrando cómo la arqueología contemporánea y la antropología política desmantelan relatos simplificados y permiten comprender la creatividad institucional, la resistencia y los procesos de negociación y conflicto en el centro-sudeste sudamericano.

Así, «Los Otros Cordobeses» se afirma como obra de referencia para debatir el lugar de las sociedades originarias en la historia larga de Córdoba.

Los detalles bibliográficos de las obras de los autores citados en este post pueden leerse en nuestra sección «Bibliografía»

Mira el video: