25. ¿QUIEN MATO A BLAS DE ROSALES? Resistencia Indígena en la Córdoba Colonial

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Qué encontrarás en este Podcast

En esta ocasión, los autores José Luis Picciuolo Valls y Sebastián Apesteguía nos traen la segunda parte de un tema tan apasionante como incómodo: la violencia política durante la conquista y el enigmático asesinato de Blas de Rosales en el norte cordobés.

A partir de la microhistoria de un personaje clave del primer siglo colonial, abren la mirada a un tablero geopolítico mucho más amplio, donde se cruzan el Imperio Inca, las confederaciones aymara, los diaguitas y las primeras fundaciones hispanas en la actual Argentina.

Blas de Rosales deja de ser solo un nombre en un expediente para aparecer como lo que fue: un operador central del dispositivo hispano, fuertemente relacionado con la Hacienda y el Poder Judicial español de la época. Nacido en Granada, con trayectoria en Potosí, el Tucumán y Santiago del Estero, participa en las guerras internas de los Pizarro, en las fundaciones del pueblo del Barco y de Santiago, y llega a Córdoba como alcalde ordinario del primer cabildo. Desde allí articula encomiendas, ganados y, sobre todo, minería: vetas de oro, plata, cuarzo y una mina de manganeso en los Altos de los Sanavirones y en la región de Ongamira.

El episodio se sitúa en un momento muy particular: el tránsito del orden incaico al orden hispano, entre la entrada de Pizarro en Cusco y la caída de la resistencia de Vilcabamba. Los autores reconstruyen el rol de los mallku aymara y la Confederación de las Siete Naciones como “operadores externos” del Imperio inca en el sur y ahora aliados a los invasores extracontinentales.

También destacan la importancia de los «wayra kamayuq» o guairadores, maestros fundidores de metales aymaras y diaguitas, los primeros vinculados a la minería del Potosí a servicio d elo shispanos tras su alianza con la élite mallku.

También nos hablan de la formación del llamado “partido de los indios”, una red de intereses andinos y españoles, formada a la vez por señores étnicos indigenas, encomenderos, notarios, sacerdotes cristianos etc, que está detrás de muchas acciones de conquista, fundaciones, entradas, ataques violentos (malocas) y en general detrás de cada conflicto a las poblaciones que resisten bajo la coordinacion de los Incas de Vilcabamba y localmente, Kalér Mokáin (Juan Calchaquí), en el actual territorio argentino. Una red mestiza hispano-indígenas de intereses tanto en Sudamérica como en la corte española.

En paralelo, el episodio ilumina el paisaje humano de la primera Córdoba del Fortín: una ciudad que solemos imaginar “española”, pero que estaba repleta de población andina, yanaconas incaicos, colonos mitimaes, textiles andinos usados como moneda y cabras españolas como unidad de valor.

A través de la figura del Inca Uscoyo —Baltazar el lengua— aparece otra historia: la de los incas coloniales instalados en la traza misma de la ciudad, mediando entre los españoles y los productores de la sierra, combinando derechos de herencia inca y español en un mismo testamento.

El misterio de quién mató a Blas de Rosales se vuelve así la punta del iceberg para entender las tensiones entre diaguitas, incas de Vilcabamba, aliados aymara y las nuevas élites hispanas que pugnan por controlar minas, rutas y pueblos en Córdoba y el NOA. Más que buscar un culpable único, el podcast propone leer el crimen como un hecho de violencia política en una zona de frontera donde nada es completamente español ni completamente indígena. [ppl-ai-file-upload.s3.amazonaws]

Si te interesan la historia profunda de Argentina, los incas en Córdoba, los diaguitas, los guaraníes, las rutas mineras hacia Potosí, las encomiendas de Ongamira y las primeras ciudades coloniales vistas “desde abajo”, este episodio de la colección Argentina Originaria es para vos.

Te invitamos a dejar tus preguntas, comentarios y debates acá abajo, a compartir el video y a seguir acompañando este viaje por la historia originaria de lo que hoy llamamos Argentina. Más contenidos, novedades editoriales y materiales complementarios en nuestra web: argentinaoriginaria.com

Transcripción del podcast nº 25

Buenas tardes, buenos días y buenas noches, depende de cuándo nos encuentren, porque realmente queremos ante todo saludarlos. Estamos con Sebastián una vez más después de este pequeño tiempo de descanso que hemos tenido durante el mes de enero y ahora en febrero estamos nuevamente empezando nuestras charlas de los días viernes.

Hoy vamos a trabajar un tema muy interesante que lo va a comentar Sebastián en unos minutos. Antes queremos compartir que hay grandes novedades para este año, que iremos contando de a poco.

La primera es que para la Feria del Libro de Buenos Aires, en abril, vamos a poder presentar nuestro trabajo sobre los diaguitas, es decir, sobre el intento de neutralización por parte del Imperio Inca del Estado diaguita y la política que se realizaba allí. Es un estudio previo que hicimos con Sebastián antes de meternos en las sierras centrales y que venía esperando este momento. Van a ser dos libros que expliquen esta situación.

La novedad mayor es que, a raíz de la publicación de estos dos libros nuevos, vamos a incorporar todo el territorio de la Argentina a nuestra investigación. Ya sabemos que esto es una investigación en marcha. Venimos trabajando fuertemente hace ya bastantes años. Tenemos algunas áreas de lo que hoy es Argentina cubiertas: las sierras centrales con la colección de los cinco libros de Córdoba Originaria. Y ahora estamos introduciendo el trabajo, siempre bajo esta misma mirada geopolítica de la historia antigua de nuestro país, incorporando el NOA, el litoral, el Atlántico, el sur de Brasil y Uruguay.

También vamos a tener en cuenta un trabajo previo sobre Incas, conquistadores y guaraníes, que nos permite ver el conflicto entre la monarquía hispánica y la confederación de comunidades guaraníes que comienza con la fundación de Buenos Aires. El mapa se está ampliando bastante y hemos resuelto presentarlo de una forma global en esta Feria del Libro.

Por lo tanto, anunciamos que esta presentación ya la podemos considerar parte de la nueva colección llamada Argentina Originaria, la historia originaria de lo que hoy es Argentina, sabiendo que el nombre técnico no era Argentina sino estos territorios de Sudamérica. Iremos comentando más novedades en las próximas presentaciones.

El nombre “Argentina” y los itatínguas guaraníes

No queremos dejar pasar que, aunque el nombre de Argentina es posterior, ya hemos hablado de que proviene del mundo guaraní. Los itatínguas literalmente significan “los argentinos”, “los plateados” o “los platenses”, como se lo quiera traducir. Los españoles hablaron del “argento”, pero en el pensamiento guaraní Itatí es la plata e Itaú es el oro. Esa referencia la tenían por los ataques que realizaban al Imperio Inca.

El nombre llega a las crónicas muy tempranamente. Antes de que Ruiz Díaz de Guzmán y el Barco Centenera escribieran sobre “la Argentina”, ya Cabeza de Vaca, cuando desembarca en Brasil y llega al Paraguay, charla con los itatinguás de Corrientes. Les pregunta cómo se llaman y ellos le dicen: “Somos los itatinguás”, es decir, “somos los argentinos”. La connotación actual de “argentinos” es muy posterior, es una construcción, pero estos son antecedentes que muestran una historia profunda.

Además, el territorio llamado “el argentino” por esta gente era Santa Fe, el Paraná, Santa Fe, Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Buenos Aires. Esa zona se llamaba “el argentino” y luego el nombre se va a extender a todo el país.

Córdoba del Fortín y el impacto de la muerte de Blas de Rosales

Hoy vamos a charlar de un tema que conmocionó verdaderamente los primeros momentos de esa pequeña ciudad de Córdoba que se iba manifestando primero en los bajos de General Paz, en una zona inundable, una zona baja que quizás haya sido el origen de su nombre. Corobá significa “bajo anegadizo” en la lengua nativa. Quizás esto, y no el origen de la familia de la esposa de Cabrera, haya influido para llamarla Córdoba. Los indígenas señalaban el lugar como “Córoba”, y a él le sonó “Córdoba” y de paso hizo el homenaje. No lo sabemos con certeza, solo tenemos Córdoba.

En esta primera Córdoba, ubicada en esa zona antes de cruzar al otro lado del río —donde estaban los pueblitos de Chilisin Sacat y Cantacara Sacat— la pequeña “Córdoba del Fortín” fue conmocionada por una noticia inesperada: la muerte de Blas de Rosales. Ese evento fue tratado muchas veces. Aníbal Montes, en Indígenas y conquistadores de Córdoba, le dedica el capítulo 13, que llama “El más notable episodio del primer año de Córdoba”. Nosotros lo retomamos en el libro Córdoba después de los Incas, porque generó tal conmoción que marcó la política local.

El expediente de ese evento, sobre todo el tema sucesorio, es el más antiguo de los volúmenes que se guardan de la Córdoba de esos tiempos y por eso se lo suele llamar “el abuelo” a ese folio, esa carpeta. Vamos a tratar de entenderlo, sabiendo que la verdad absoluta es imposible de alcanzar: ni nosotros ni los historiadores que nos precedieron, ni quizá los que vengan después, podrán definir con certeza quién mató a Blas de Rosales. Lo que queremos es reflejar este hecho en la política indígena, no solo en la hispana.

Trayectoria de Blas de Rosales antes de Córdoba

¿Quién era Blas de Rosales? Había nacido en Granada en 1514. Su hermano era escribano de la Cámara de la Real Audiencia y Cancillería de Granada. Llega a México en 1539, con unos 25 años, y pocos años después ya se encuentra radicado en Potosí, centro del Alto Perú y de la zona de Charcas donde “nacía la plata”.

En 1547 el virrey concede a Juan Núñez de Prado el poder sobre las minas de Potosí. Núñez de Prado había participado en las guerras intestinas entre los Pizarro y el rey: estaba con Gonzalo Pizarro y lo termina traicionando. Como recompensa, el virrey lo nombra alcalde de las minas de Potosí y luego le da el derecho a conquistar el Tucumán, que en ese tiempo incluía prácticamente todo el noroeste argentino, Córdoba incluida.

Núñez de Prado arma su viaje financiado por gente de Charcas (Potosí y La Plata, hoy Sucre) con menos de 100 españoles: Juan de Santa Cruz como maestre de campo, Alonso Trueno como capellán, Gaspar de Carvajal para catequizar y 28 veteranos de la entrada de Diego de Rojas, incluido Miguel de Ardiles, que será importante luego en Córdoba. El avance se hace en tres tandas: primero sale Ardiles por Humahuaca, por el camino inca; luego Núñez de Prado y por último Juan de Santa Cruz. Con ellos va Blas de Rosales: en abril de 1550 sale para el Tucumán como soldado de Núñez de Prado.

Rosales estará en las tres fundaciones del pueblo del Barco y en la fundación de Santiago del Estero con Aguirre. Tiene una historia muy nutrida, “como que estuvo en todos lados”. Ya hacia 1550 figura como regidor y alcalde en El Barco. No era un simples soldado: ocupaba cargos importantes pese a ser aún un hombre relativamente joven.

Más tarde se afinca en Santiago del Estero, donde nacen sus ocho hijos e hijas. La primera es Ana de Rosales, y con el tiempo la familia terminará proyectándose hacia Córdoba. En 1554 es regidor, oficial real de Hacienda y alcalde de Santiago; incluso impulsa un expediente para que se nombre gobernador a Aguirre, lo que luego le traerá problemas cuando se lo acuse de participar en el motín contra él.

El viaje a Chile y la posible ruta por Córdoba

Un episodio clave es su viaje a buscar socorros a Chile, apenas dos años después de la fundación de Santiago del Estero. Va de Santiago del Estero a Santiago de Chile, pero no sabemos con certeza qué ruta siguió. En 1555 vuelve y al año siguiente ya es nuevamente alcalde en Santiago del Estero.

Los mapas de las rutas posibles muestran varios caminos, pero uno de ellos atraviesa Córdoba, el mismo que luego usa Francisco de Aguirre al venir desde Santiago de Chile hacia Santiago del Estero. Ese camino pasa por zonas como Cruz del Eje y Toco Toco, según investigaciones recientes. Es muy posible que Blas de Rosales ya conociera parte del territorio cordobés antes de llegar con Cabrera.

Del orden incaico al orden hispano: contexto geopolítico

Para entender quién podía querer la muerte de Blas de Rosales hay que salir de los documentos puramente hispanos y mirar el contexto geopolítico más amplio. Los escritos españoles reflejan solo una parte de una multiplicidad de hechos; la otra parte la conocemos desde la antropología, la etnografía y la arqueología, es decir, desde quienes no escribieron esa historia pero la vivieron.

En este contexto, en la parte alta del mapa estaba el poder político del sur del Imperio del Tawantinsuyu. Cuando el orden incaico cae, se inicia un proceso de transición al orden hispano que tarda unos 40–50 años en impactar plenamente en el territorio argentino. Pizarro entra en Cusco en 1533 y hacia 1538 los Pizarro pactan con los mallku aymara de Bolivia, que tenían el poder sobre la región e incursionaban en territorio hoy argentino.

Hasta la caída de la resistencia inca de Vilcabamba en 1572, no comienzan a fundarse de manera estable los enclaves hispanos en el actual territorio argentino: Santa Fe, Buenos Aires, Tucumán, Jujuy, Salta. Los operadores tanto hispanos como incas en esta frontera eran los mallku aymara, nucleados en la Confederación de las Siete Naciones Aymara, con líderes como Muruku.

Tras la batalla de Cochabamba, donde el inca aliado a los españoles derrota a los mallku rebeldes, se abre la fase de prospecciones y fundaciones. Los mallku negocian con el rey de España la entrega de Potosí y Porco, y a cambio reciben el reconocimiento de su poder, escudos y tierras. El Estado aymara se mantiene e ingresa al sistema imperial hispano.

Mina, guairadores y el “partido de los indios”

El poder minero buscado por los españoles dependía de la tecnología andina de los guairadores. La guaira era un horno de viento capaz de fundir la plata. Hasta la introducción del azogue en 1570 por el virrey Toledo, eran los guairadores quienes hacían posible la explotación metalífera. La negociación de Potosí y Porco comienza en 1538 y la nueva tecnología llega en 1570, coincidiendo con la caída de Vilcabamba.

Durante todo ese tiempo, la capacidad de extraer los metales estaba en manos de los guairadores y era gestionada por los mallku, homologados a duques o condes dentro de la estructura hispánica. Surge en España el llamado “partido de los indios”, es decir, representantes hispanos (sacerdotes, escribanos, encomenderos) que defienden los intereses de Potosí y del Alto Perú. No se puede hablar solo del interés de un mallku o de un encomendero: hay verdaderos partidos políticos en juego.

Es en ese entramado de intereses donde hay que entender el trabajo de Blas de Rosales. De hecho, en el inventario de sus bienes se mencionan elementos que lo vinculan a ese mundo minero, incluyendo un paquete de azogue. Sus actividades en Córdoba continúan esa lógica: inicia una acción minera y opera bajo el paraguas de una alianza hispano-inca (el entorno de Paullu y los incas coloniales de Cusco).

Mitmaqkuna, pachacamayuq y las “entradas” hacia el sur

Cuando Blas de Rosales desciende hacia el Tucumán en 1550, lo hace en el marco de entradas financiadas por los mallku. Para la expedición de Diego de Rojas, por ejemplo, los mallku aportaron 50.000 pesos de oro, además de llamas o mulas. Cada español importante viene acompañado de un equipo humano indígena organizado según la lógica inca:

En la organización inca existe un orden decimal: unidades de 10, 100 y 1000 personas. Los jefes de cien se llaman pachacamayuq, los de mil, waranka camayuq. Un personaje con el estatus de Blas de Rosales no viaja solo: está acompañado al menos por 100 personas, dirigidas por un pachacamayuq cuyo nombre no ha llegado hasta nosotros.

Cada español, si tenía un rango menor, contaba con 10 yanaconas; los más importantes, como Rosales, podían tener unos 100 trabajadores o combatientes indígenas a su servicio, entregados por los mallku. En suma, cuando vemos a Rosales bajar hacia el Tucumán y luego a Córdoba, debemos imaginar una columna hispano-andina financiada por las élites del Alto Perú.

Mientras esta gente baja al sur con apoyo de los mallku, los incas de Vilcabamba mantienen un acuerdo con líderes diaguitas como Calermo Cain / Juan Calchaquí y otros jefes. Desde los valles Calchaquíes, Calchaquí hostiga la expansión hispano-inca en la frontera, atacando fundaciones como El Barco, Medellín y otras muchas.

Familia de Blas de Rosales y el Inca Uscoyo en Córdoba

En el plano familiar, Blas de Rosales era formalmente soltero, pero sabemos que tuvo hijos con al menos dos mujeres: Isabel Torres y Montes de Oca y Luisa de Rosales Narváez. De sus hijos, la mayor es Ana, que tenía unos 20 años cuando muere Blas. Ana se casa con Diego de Cáceres en Santiago del Estero; ambos estaban presentes cuando los indígenas matan a Blas de Rosales en el norte cordobés y Diego de Cáceres muere también en el episodio.

La segunda hija, Isabel, se casa con Juan de Ludueña y formará parte del núcleo de familias fundadoras en Córdoba. Luego aparece Blas hijo, de 16 años en ese momento. Más adelante, Rosales tiene otros hijos con Luisa de Rosales Narváez (Francisca, Marcos y Mateo), y las fuentes sugieren que Luisa podría ser indígena o mestiza.

En paralelo, en Córdoba aparece la figura del Inca Uscoyo, que entra en los registros hispanos en 1573. Blas de Rosales muere en 1574 y Uscoyo fallece en 1579. Uscoyo es el gran articulador de la relación entre los españoles y la gente de la sierra —los antiguos mitimaes de la frontera suroriental del Tawantinsuyu—, y su testamento, estudiado por Margarita Gentile de la Falle, muestra qué objetos consideraba esenciales: prendas incaicas de lujo como el uncu, la chuspa (bolsa de coca), frazadas nativas, plumas de avestruz que marcan su relación con pueblos tonocotés de Santiago del Estero, y elementos hispanos como el caballo.

Uscoyo recibe un solar en la traza de la primera Córdoba, figura en los repartos de tierras como “Baltazar el lengua” (por su rol de traductor) y monta una casa cuya tierra heredarán sus hijos Lorenzo e Isabel. Deja su rebaño de llamas a los trabajadores de la sierra, combinando derecho de herencia inca y español.

Blas de Rosales en la fundación de Córdoba y la ciudad “andina”

Blas de Rosales forma parte de la partida que llega con Jerónimo Luis de Cabrera al valle de Quisquitipa. Tras un intento en Quisquisacate, se asientan finalmente en Quisquitipa, donde había dos pueblitos indígenas y se funda la ciudad de Córdoba. El primer fuerte se levanta en los “bajos de General Paz”, rodeado de casas: esa es la primera Córdoba.

Blas de Rosales es designado alcalde ordinario del primer cabildo, de primer voto, para el año 1573, ya con 60 años. A su muerte no deja testamento —claramente no esperaba morir—, de modo que se realiza un inventario de sus bienes y luego una subasta. Sabemos que tenía una casa en los alrededores del fuerte, donde vivía con Ana de Rosales, parte de su familia y algunas huéspedes como Juana de Abreu y su hija.

En 1591 la ciudad se traslada desde el fuerte al otro lado del río, hacia los pueblos de Chilisin Sacat y Cantacara Sacat, habitados por sanavirones que se retiran del área (no sabemos si por presión española o por migraciones estacionales). Los españoles cruzan el río y toman esas casas, ampliando la traza urbana. Para entonces Blas ya ha muerto, pero Ana de Rosales se instala en esa nueva Córdoba y posee un solar y cuadra en la plaza central, luego rematados.

Esa primera Córdoba estaba llena de gente andina. Aunque el relato suele centrarse en nombres hispanos, cada español tenía unos 10 yanaconas o asociados y los más importantes hasta 100. La proporción de población andina por cada español era enorme: la ciudad debió ser un paisaje variopinto de vestimentas andinas, junto al mundo sanavirón de los pueblitos locales.

Para ilustrar cuán equivocada puede ser la imagen de “ciudad totalmente hispana”, se trae a colación el caso de la primitiva Santa Fe (fundada en 1573). Años después de su fundación, Hernandarias publica un bando ordenando que no entre más “gente desnuda” a la ciudad, es decir, pidiendo a los guaraníes que no ingresen con su desnudez ritual (para ellos los tatuajes eran una vestimenta). En Córdoba, en cambio, predominan los “indios de manta y camiseta”, andinos vestidos con textiles propios.

Chacra de San Vicente, ganados y economía mixta

Entre las propiedades de Blas de Rosales destaca una chacra en el actual barrio San Vicente, en el “Ancón de Blas de Rosales”, bajo de Ariza. Allí planta duraznos, higueras, viñas, una era de hierbabuena y un pie de membrillo, y se convierte en el primero en plantar caña de azúcar en Córdoba. Estas plantas venían de circuitos más amplios: primero en Sucre (Bolivia), luego en Santiago del Estero y finalmente en Córdoba.

Las plantas de la quinta de Rosales son luego compradas por Antón Berrú, uno de los que más tarde encabezará acciones de represalia en Ongamira. Paga 51 pesos, pero como parte del “membrillo” estaba mal clasificado le descuentan 15. Lo interesante es la forma de pago: se realiza con ropa de algodón buena de dar y recibir, es decir, textiles. La moneda de referencia desde época incaica era la ropa; el concepto de moneda metálica no existía en el mundo andino, pero sí el de bienes de intercambio.

En los primeros años de Córdoba, como aún no había moneda metálica, nos encontramos en plena economía de guerra: los españoles usan cabras como moneda de intercambio comercial, mientras que los nativos utilizan tejidos. El mismo Inca Uscoyo, en su herencia, deja tanto textiles ricos de época incaica como cabras, que se han vuelto un equivalente de valor.

La chacra de San Vicente pasa luego a Francisco Sánchez por 60 pesos. Además de cultivos, incluía siete bueyes, 54 vacas, 21 terneros y dos toros, al cuidado de un yanacona. Cifras que muestran una explotación ganadera importante, no una pequeña huerta.

Juan de Ludueña, yerno de Rosales, remata otro solar de Blas el 23 de marzo de 1575 por apenas 10 pesos, lo que sugiere que las autoridades temían el despoblamiento y favorecían la llegada de españoles de otros lugares (por ejemplo desde Jujuy) ofreciendo tierras baratas.

Rosales posee también una estancia y “pedazo de tierra en el camino del concho”, que Aníbal Montes ubica tentativamente en Conchosacate (Calamuchita), aunque la toponimia no está del todo clara.

La gran encomienda de Ongamira

Finalmente, tras el recorrido por las propiedades urbanas y rurales, llegamos a la encomienda de Ongamira. Nicolás de Dios, que retiene los bienes de Blas hasta la subasta, se refiere a “los pueblos” y no a “un pueblo” de la encomienda. En realidad, abarca desde Ongamira hasta el límite con Santiago del Estero: un territorio vasto compartido entre Blas de Rosales, su yerno Diego de Cáceres y Jerónimo Vallejo.

Cuando Rosales marcha a su encomienda, lleva tres carretas, 16 bueyes y ganado menor: 110 cabras, 50 ovejas y 30 cerdos. Solo en sus manos y las de su entorno cercano estamos hablando ya de más de un centenar de cabras, medio centenar de ovejas, decenas de vacas y bueyes. Si extrapolamos al conjunto de españoles, la masa de ganado que se desplaza hacia la región es enorme.

Tras su muerte, todo ese ganado queda al cuidado de un yanacona en Ongamira. Las fuentes dicen que el yanacona se va y que deben enviar a Francisco Sánchez a recuperar los animales. Lo llamativo es que puede entrar y salir de una zona supuestamente convulsionada por la guerra sin mayor inconveniente, trayendo el ganado “como Pancho por su casa”, mientras la región está en conflicto con los responsables de la muerte de Rosales.

Rosales minero: oro, plata, cuarzo y manganeso

Con este cuadro, empezamos a vislumbrar quién era realmente Blas de Rosales. No solo es funcionario y encomendero, sino un verdadero empresario minero. Explora la minería cordobesa, descubre vetas de oro, plata, cuarzo e incluso una mina de manganeso que denuncia para explotarla.

El manganeso se usaba en el siglo XVI para hacer más transparente el vidrio, para endurecer el hierro y como pigmento en cerámica, entre otros usos. En la lista de bienes analizada por Aníbal Montes en Indígenas y conquistadores de Córdoba (capítulo 13), llaman la atención muchos objetos de aspecto “de farmacia”, que aquí podemos reinterpretar como insumos químicos para actividades minero-metalúrgicas.

Además, aparecen herramientas típicas del mundo minero: elementos de carga a lomo, 74 cinchas para ganado de carga, 20 bateas para lavar metales. Todo sugiere que Rosales se dedica a la minería de forma sistemática, algo que se menciona, pero sobre lo que no se ha puesto suficiente foco.

Rosales registra minas en los llamados Altos de los Sanavirones, en la zona de paso entre San Francisco del Chañar y Ojo de Agua, en el límite entre Córdoba y Santiago del Estero, en lugares como Guatana. Allí, en el área de Caspicuchuna —topónimo claramente quechua— toma posesión de una mina de manganeso. La región está llena de nombres quechuas: Guatana, Caranchillaco, Cachi, etc.

Años más tarde, el 13 de septiembre de 1610, Juan de Burgos y Antonio Vázquez de Sosa denuncian el hallazgo de minas de plata u oro en el valle de Ongamira, en el cerro Charalqueta, el kolchi kiki, el gran apu local. La zona muestra una estructura geológica muy rica, como se ve en las hojas geológicas modernas.

Cierre del episodio

Con este panorama —la trayectoria de Blas de Rosales entre Potosí, Tucumán y Córdoba, su rol como pieza de un gran dispositivo hispano-inca vinculado al mundo minero, su inserción en la fundación de Córdoba, su red familiar y sus explotaciones agrarias y mineras— podemos empezar a entender mejor qué estaba en juego cuando fue asesinado en el norte cordobés.

En este podcast hemos dejado planteado el contexto y el inicio de la acción. En el próximo, seguiremos avanzando sobre la violencia política durante la conquista y las posibles manos indígenas y andinas detrás de la muerte de Blas de Rosales.

Nos vemos el viernes que viene. Esperamos que les haya gustado y, como siempre, esperamos sus preguntas. Un abrazo grande y seguimos en contacto. Chau!

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