Video 6. Libro III | Los Incas en Córdoba

La presencia incaica en Argentina fue mucho más compleja y extensa de lo que se cree, involucró las Sierras Centrales y con ello, a parte del actual territorio cordobés

 1. Resumen general, ejes temáticos e hipótesis

Al final de este post podrás ver el video en el cual los autores del libro «Los Incas en Córdoba«, el tercer volumen de la Colección Córdoba Originaria, nos anticipan sus contenidos. En él, se aborda en profundidad la expansión, dominio y posterior herencia del Imperio Inca en amplias regiones de lo que actualmente es el territorio argentino, desde fines del siglo 14 hasta el último tercio del siglo 16.

Se analiza el complejo proceso de conquista, no solo en el Noroeste de Argentina, y la Región de Cuyo, sino tambien la amplia frontera suroriental,  incluyendo las yungas jujeño-salteñas, los humedales santiagueños y las Sierras Centrales e incluso el  hinterland a zona de contención de las tierras bajas santafesinas, hasta las orillas del río Paraná.

El Qhapaq Ñan no se detenía en los Andes, continuaba en las tierras bajas, en Argentina se llamaba Qaraqara Ñan (Carcarañá)

Los autores argumentan que la presencia incaica en Argentina fue mucho más compleja y extensa de lo popularmente supuesto, y que los Incas desplegaron una estrategia geopolítica de ocupación progresiva, inteligentemente combinada entre fuerza militar, traslados masivos de poblaciones (mitmaqkuna), alianzas diplomáticas y la “dominación delegada” a través de pueblos aliados como los diaguitas y los qaraqara (charkas aymaras).

Temas principales

Geopolítica y expansión inca: análisis comparativo con otros imperios (persa, romano), retratando el Tawantinsuyu como un poder flexible, sofisticado y de gran alcance territorial, capaz de transformar profundamente el escenario poblacional de una parte significatiba del territorio de la actual Argentina, mediante posicionamiento de trabajadores estatales y contingentes armados, redes de caminos y capacidad administrativa, así como una combinación de poder blando, diplomacia y violencia puntual.

El rol de los pueblos movilizados:  Sicuanis peruanos en Salta, diaguitas y cuyo-huarpes en la Región de Cuyo, hen- en (comechingones), sacats (sanavirones) y kaniaris en Sierras Centrales, aparecen como actores protagonistas o como resultado de reubicaciones estratégicas ejecutadas por el Estado Inca. Se análiza en profundidad y se presentan hipótesis sobre el origen y destino de los contingentes llevados desde Perú, Bolivia y  y Ecuador, así como de otras regiones del NOA y Cuyo, hacia Córdoba.

Agentes delegados y aliados:  Se analizan los colaboradores que participaron en la expansión hacia el Kollasuyu, en particular los qaraqara, militares aymara que vigilaban los caminos hacia las tierras bajas, los diaguitas trasandinos, actuando en San Luis y Sur de Córdoba, y los tonokoté de Santiago del Estero y Tucumán como mitmaq kuna de guerra, protegiendo las fortalezas de Bolivia de los ataques guaraníes Se incluyen también los funcionarios del Chinchaysuyu (costa del Perú) actuando como intermediadores con poblaciones locales y trabajadores estatales, en Tucumán y Córdoba, administrando el poder para los cuzqueños.

Administradores con nombre y apellido: como caso de estudio se destaca la historia del Inca Usqullu (tal su nombre en el sistema administrativo inca, aunque luego lo cambio por Baltazar Uzcollo al aliarse a los hispanos). Este Sayapaya (funcionario de frontera y supervisor de trabajadores) destinado en el sur del Kollasuyu, quizás durante el gobierno de Waskar Inca o Pawllu Inca, y remanente en el área mientras se producía la larga caída de la estructura de poder inca, estuvo presente en los primeros momentos de vida de la ciudad de Córdoba, en donde oficiará como mediador y traductor entre españoles y poblaciones indígenas en la Córdoba colonial temprana, ejemplificando así, la supervivencia de instituciones, idiomas y prácticas indígenas en un entorno hispano, tras la caída inca.

Córdoba como frontera estratégica del Tawantinsuyu

Los autores nos adelantan sus propuestas para explicar la inclusión de las Sierras Centrales como hinterland o frontera estratégica del liderazgo inca:

– 1. Las Sierras Centrales como proxi del Tawantinuyu. Aunque el dominio inca en Córdoba no fue evidente como en el área clásica andina, con grandes obras de infraestructura, guarniciones y una percibible modificación del entorno físico, la proximidad de importantes centros de poder político y simbólico, se proyectó sobre ella en la forma de agentes delegados y movimientos poblacionales de colonos, que intervinieron en el mapa cultural y étnico local. Un ejemplo de esa proximidad es el importante centro político de Tambería del Inca, situado en la localidad actual de Chilecito en la Rioja, a 190 kilómetros de la provincia de Córdoba, sobre un camino ancestral (valle Antinaco-Los Colorados, el cual sigue el curso sureste hacia Córdoba, permitiendo históricamente el paso de personas, bienes y rutas prehispánicas).

Los autores, basados en fuentes documentales indígenas e hispanas, proponen interpretar el espacio cordobés, junto a otras áreas de las tierras bajas, como proxi de la política inca, esto es, como una zona tampón o región estratégica para la administración del Estado Inca, en atención a sus intereses en el sur del Kollasuyu. Para el siglo 16 esos intereses estaban centrados al mismo tiempo, en el control del Estado Diaguita al Oeste de Córdoba, y la contención de la presión guaraní proveniente del Este.

Según las fuentes documentales analizadas esa proyección de poder, al servicio de los intereses estratégicos del imperio, se habría materializado en:

      • La circulación de contingentes armados, algunos muy significativos, como la campaña de exploración del Inca Tupaq Yupanki hacia el Río de La Plata en torno al año 1465.
      • La presencia de funcionarios y mitmaqkuna (colonos del estado) en las Sierras Centrales, como el Inca Usqullu en Quisquitipa, en la Ciudad de Córdoba recién fundada, colaborando con los agentes enviados por la Monarquía Hispánica, o del Inca Quilquinta en la Sierra de Tomolasta, en San Luis, enfrentándose a ellos.

2. Mitmaq kuna en las Sierras Centrales. En este contexto, algunas naciones, que la historiografia de los siglos 19 y 20 consideraba autóctonas de Córdoba, al arribo de los hispanos (comechingones, sanavirones, kaniari, etc.) podrían haber formado parte de grupos trasladados o reorganizados bajo las políticas estatales incaicas analizadas. Diversas fuentes documentales así lo estarían indicando, como por ejemplo:

      • Las referidas a la existencia de Comechingones peruanos, en el área de Jaen en el norte del Perú, y Sacats (sanavirones), los cuales según esas fuentes, fueron erradicados de sus tierras y enviados hacia el sur, tras la campaña expansiva del Inca Tupaq Yupanki.
      • La continuidad de esa misma campaña militar que los soguzgó y erradicó en el norte del Perú, la cual continuó en Argentina, concretamente, y además del NOA, en las actuales provincias de Santiago del Estero, Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires. Una parte de esas fuerzas eran combatientes qaraqara, los cuales habían recibido del Inca el cometido de proteger los caminos que bajaban del altiplano boliviano a las Sierras Centrales y hasta orillas del río Paraná.

– 3. El modelo imperial incaico, lejos de ser meramente militarista, dependió de alianzas diplomáticas y delegadas, en el sur, especialmente de pactos con diaguitas trasandinos, qaraqaras del altiplano y tonokotes tucumano-santiagueños, quienes actuaron como custodios de fronteras y gestores foráneos para el control de la región de Cuyo, Sierras Centrales y las tierras bajas, hasta el Paraná.

– 4. El impacto incaico en la geografía, demografía y política de Córdoba sentó las bases para la posterior colonización española y la conformación de la sociedad mestiza regional, arrastrando prácticas, redes y actores del orden prehispánico al colonial.

Un caso testigo es que el mismo fundador de la ciudad de Córdoba, Don Gerónimo Luis de Cabrera, recibió la encomienda de Macha en Bolivia, donde sus Mallkus o jefes de gobierno, como por ejemplo Don Joan Paria (1570-1612) eran aliados de la Monarquía Hispánica, en continuidad con los pactos que ya habían firmado anteriormente con el Gobierno Inca. En cumplimiento de esos pactos, Paria y  otros, colaboraron con logística, poder político y pecuniario en numerosas campañas hispanas hacia el sur profundo, antes y despues de Cabrera, tal y como lo habían realizado prviamente sus antepasados con los Sapa Incas Pacha Kuty, Tupaq, Wayna Qhapaq y Pawllu.

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