Video 3. Libro I | Cronología de las Sociedades Prehistóricas de Córdoba

 

1. La Cuestión del Tiempo

En este segundo podcast del libro «Las Sociedades Prehistóricas de Córdoba» los autores profundizan en el problema del tiempo, proponiendo una cronología que ordene la larga sucesión de grupos humanos que ocuparon lo que hoy es el espacio cordobés, desde los primeros Homo Sapiens que lo descubrieron,  hasta la caída del Imperio Inca y la intervención europea.

Cada uno de esos grupos humanos evidencian respuestas adaptativas a pulsos paleoclimáticos, innovaciones tecnológicas y nuevas relaciones políticas, dejando un registro arqueológico que permite hoy aproximarnos a los cambios en los modelos económicos, demográficos y políticos de la región.

En el Podcast los autores comentan la cronología básica  presentada en el libro:

– 30,000-15,000 AP: Los ignotos
– 13,000-10,000 AP: Candongas (cazadores de la Edad de Hielo-megafauna)
– 9,500-7,500 AP: Cazadores Ayampitín (espacializados en el guanaco)
– 7,000-4,800 AP: Ongamira/Alpa Corral (cazadores con la nueva tecnología atl-atl)
– 4,500-3,000 AP: Chelcos (moledores de semillas)
– 2,800-2,000 AP: Surgen los Primeros Alfareros
– 1,500-800 AP: Vallenses (habitantes de valles interserranos)
– 800-600 AP: Huesistas (sofisticados artesanos del hueso)
– 565 AP: Llegada de mitimaes incaicos y primeras incursiones estatales
– Hasta ca.1573 EC: Caída del Imperio Inca, intervención española

Evolución de las sociedades prehistóricas de Córdoba

Esquema sinóptico de secuencias ocupacionales en el actual espacio cordobés, correlacionando el registro arqueológico, las variaciones paleoecológicas e interpretaciones sobre posibles sistemas de poder y jerarquía social.

 2. El Orden de la Conexión Paleoclima–Tecnológía

Llegan los Ignotos

Los cambios ambientales fueron disparadores clave en la transición de tecnologías, las cuales nos sirven como indicadores de adaptaciones socio-culturales:

Final glaciación/Pleistoceno-Holoceno: El fin de la megafauna coincide con el reemplazo de puntas «cola de pescado» (adaptadas a caza de grandes animales) por puntas más pequeñas y atlatl o propulsores (adaptados a presas menores, y una movilidad aumentada en la obtención de recursos).
Períodos secos del Holoceno: La escasez de fauna favorece la intensificación del trabajo vegetal y la aparición de artefactos de molienda y almacenamiento (Sociedad Chelcos). El almacenamiento y procesamiento de semillas, raíces y frutos refleja adaptación a condiciones secas y el desarrollo de prácticas proto-agrícolas.
Óptimo climático: Mejoras agrícolas, multiplicación de estilos cerámicos y expansión de poblados permanentes, frecuentemente vinculados a polígonos fértiles, terrazas y canales de irrigación.
Oscilaciones climáticas medievales y Pequeña Edad de Hielo: Promueven movilidad estacional, diversificación de recursos, la aparición de herramientas especializadas (microlitos, huesistas), la intensificación del pastoreo y la experimentación agrícola flexible.

 

3. Interpretación de modelos políticos y económicos a partir de evidencias arqueológicas

Tanto en el libro como en el podcast los autores abren una discusión sobre la dimensión política de las sociedades estudiadas, proponiendo posibles formas de gestión del poder, a partir de la información que la evidencia arqueológica provee sobre el manejo de recursos, las innovaciones tecnológicas y los patrones de distribución ecológica.

Bandas segmentadas (Candongas, Ayampitín): Sociedades sin Estado, segmentadas en pequeños linajes, bastante móviles, cazadoras-recolectoras; con poder difuso que se resuelve dentro de los lazos intrafamiliares, y sin jefaturas fuertes..
Segmentación con proto-liderazgos (Chelcos, Ongamira): Persistencia de la segmentación, pero con evidencias de coordinación intergrupal, alianzas y posiblemente especialización en zonas  y gestión de recursos.
Microjefaturas/incipientes «Estados» domésticos (Vallenses, Alfareros): Sociedades con inicio de jefaturas, sedentarismo, alianzas fuertes (duraderas), jerarquización doméstica, pero sin aún un Estado “coactivo” (una élite claramente separada del resto de la sociedad).
Estados regionales (Diaguita, Tiwanaku): Consolidación de jefaturas fuertes/regionales y luego Estados con organización vertical, obra pública (fortalezas, cofradías de guerreros y/o sacerdotes), control de recursos, supervisión de llanos y sierras (enclaves o islas productivas), economía vertical de intercambio, núcleos urbanos y, finalmente, proyección local, a partir de agentes o aliados, de la política de imposición externa estatal del Tawantinsuyu.
Modelos de co-Estado o Estados superpuestos: Ya en la etapa incaica, en tanto zona de frontera, lo que hoy es el espacio cordobés muestra intervenciones de centros de poder imperial localizados en el NOA (control estatal a través de políticas planificadas desde Charkas o Cuzco, colonización de mitimaes y explotación de recursos locales). Estas intervenciones se proyectaban sobre las microestructuras segmentarias locales. La proximidad de los centros de poder incaico, como el pequeño cuzco de El Shinkal de Quimivil, o el santuario Aqllawasi en Maquijata, funcionaron como vectores de influencia sociopolítica y cultural (‘poder blando’), evidenciado en la difusión de la lengua quechua y la propagación de símbolos y repertorios iconográficos andinos, los cuales legitimaban y reforzaban la autoridad de personajes vinculados al Tawantinsuyu, que circulaban entre las Sierras Centrales y el Río de la Plata.

4. Aparición de Estados regionales y el impacto Tiwanaku en la región

Estado Diaguita (~año 1.000 EC): Ejemplo relevante de la transición desde sociedades segmentadas o federales hacia formas estatales: centralización relativa, especialización, autoridad legitimada, urbanismo, infraestructura, concentración de excedentes y repartición de funciones políticas y religiosas.
Influencia Tiwanaku (~600-1.000 EC): El modelo de poder tiwanakota irradia religiosidad suprarregional e ideologías de prestigio asociedades del NOA y a través de ellas valles conexos que incluyen el espacio cordobés. Los residuos arqueológicos (esculturas, iconos felínicos, metalurgia, patrones de asentamiento) documentan el contacto indirecto e intercambios económicos y simbólicos.

Impacto: La sucesiva influencia de Tiwanaku primero y el Tawantinsuyu despues, alcanzan la organización local, conectando rutas ancestrales, lo que permite la proyección de poder andino sobre enclaves de las Sierras Centrales.

5. Las Sierras Centrales como enclave geopolítico y ruta ancestral

Las Sierras Centrales de Córdoba constituyen un corredor estratégico desde el Holoceno, comunicando:

– Los Andes y el NOA (centros de poder y Estados regionales: Tiwanaku, Diaguita, Inca)
– El valle hacia el Río de la Plata y la costa atlántica (vías caravaneras, comercio de bienes, contactos con sociedades Arawak y Guaraní)
– El valle de Mapocho y Cuyo (enclave de control estatal, rutas a Chile y el Pacífico)

Esta situación permite entender la aparición recurrente de tecnologías, bienes y estilos foráneos (cerámica, metalurgia, iconografía, variedades agrícolas), y la repetida utilización del espacio cordobés como área de avanzada para despliegue estatal e imperial, como muestra la presencia de mitimaes, guarniciones, vías incas y la absorción de grupos foráneos (comechingones, sanavirones, kaniari, diaguitas, pampas).

Así, Córdoba y sus sierras fueron sistemáticamente modeladas por la circulación de pueblos, bienes y formas de poder político, expresando la vigencia y refuncionalización de rutas ancestrales hasta la conquista europea.

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