28. El Estado Diaguita frente al Imperio Inca: inicio del ciclo “Argentina Originaria”
Introducción a la Historia Diaguita dentro de Argentina Originaria
Este episodio inaugura el ciclo dedicado al Estado Diaguita dentro del proyecto Argentina Originaria y funciona como capítulo introductorio a dos volúmenes: “El Estado diaguita contra el Imperio inca. ¿Por qué los incas invadieron el Noroeste argentino?” y “El plan inca para neutralizar a los diaguitas. Geopolítica en el frente suroriental del Tawantinsuyu”. La conversación entre sus autores José Luis Picciuolo Valls y Sebastián Apesteguía articula tres planos: la secuencia histórico-política andina, la definición antropológica de “Estado” aplicada al caso diaguita y la memoria viva del pueblo diaguita sherkáin a través de la lengua kakán.
Argentina Originaria propone leer el mundo diaguita como un verdadero Estado nativo en la historia de lo que hoy llamamos Argentina.
Secuencia andina: del curacazgo cuzqueño al Imperio inca sobre territorio diaguita
En el plano macrohistórico, los autores reconstruyen el momento en que el Tawantinsuyu pasa de ser un curacazgo en expansión a un imperio consolidado que interviene de forma sistemática en el espacio diaguita.
A partir de Montesinos y otros cronistas, sitúan el inicio del contacto en tiempos de Wiracocha Inca, cuando “señores de Chili” diaguitas, previamente capturados y luego “incaizados” en el Cuzco, son devueltos a sus territorios como aliados, inaugurando una primera colonia en el norte chileno, frente a Catamarca, hacia 1380- 1400. Este movimiento genera una fractura entre diaguitas proinca del Chili y diaguitas “de tierra adentro” (valles de Abaucán, Hualfín y Calchaquí) que resisten la hegemonía cuzqueña.

Producción propia
Con el Sapa Inca Pachakuty, la política se intensifica. La deportación de los ayarmacas hacia Mapocho y el traslado de contingentes a la región de Mendoza-San Juan (warpes/cuyos) ilustran la estrategia de mitmaqkuna como herramienta de ingeniería social imperial.
Investigaciones arqueológicas como las de Alejandro García, que registran la cerámica viluco diaguita cruzando la cordillera y actuando como agente al servicio del inca en Mendoza, refuerzan esta lectura de un espacio diaguita transcordillerano al servicio (forzado) de un proyecto centralizado.
El ciclo llega a un punto de inflexión bajo Túpac Yupanky, hacia 1460-71, cuando se organiza una gran campaña militar, al mando del general inca Apocámac, contra los diaguitas insurgentes del Calchaquí y áreas aledañas. El intelectual inca yarowillka Waman Puma (Guamán Poma de Ayala ) habla de decenas de miles de guerreros y de una guerra de diez años, en la que los incas sufren pesadas pérdidas y dependen, en parte, de epidemias para inclinar la balanza a su favor.
Posteriormente ya durante la intervención en Argentina del Auqi Pawllu (príncipe inca heredero al trono), en 1536, destacará la figura de Kalér Mokáiñ / Juan Calchaquí, titakin (Presidente del Consejo de Gobierno Diaguita) consagrado como wak´a (hombre de poder) por el sumo sacerdote del Estado Inca, Willaq Uma.
El Titaqin Kalér Mokáiñ logrará articular un dispositivo defensivo de alta eficacia y se convertirá en referente simbólico del poder diaguita ya durante los primeros momentos de la intervención hispana y hasta la caída de la resistencia de los incas de Vilcabamaba (1572).
Las guerras entre el Estado diaguita y el Imperio inca son un capítulo central de la historia prehispánica argentina.
Kalér Mokáiñ
(Don Juan Calchaquí)
Qué entendemos por “Estado Diaguita”
Sobre esta base, Picciuolo Valls introduce la discusión teórica sobre el Estado Originario. Retomando a Pierre Clastres y la antropología política sudamericana, distingue entre sociedades segmentarias (donde el poder circula en la trama de la familia extensa y no existen circuitos especializados) y formas estatales (donde se crean estamentos encargados de gestionar el poder, separados del resto de la sociedad).
En el caso diaguita, se identifican múltiples marcadores estatales: un órgano colegiado (Consejo de APAs o voceros de las comunidades) con un vocero-presidente (Titakin), instituciones supracomunitarias como las confederaciones vallistas (que ceden el mando bélico a un líder carismático en contextos de guerra), diferenciación de estatus visible en vestimentas, protocolos (dirigentes transportados en andas, vestimentas específicas, tratamiento preferencial) y obras públicas de gran escala (sistemas de riego, pucaráes, redistribución de recursos).
Ejemplos etnohistóricos concretos refuerzan esta caracterización. El capitán español Mariño de Lobera que participó en los primeros ataques de la Monarquía Hispánica contra los wamanis (envlaves) incas del sur, en el actual centro y norte de Chile y Noroeste de Argentina, describe la recepción que el general Alonso de Monroy organiza para congraciarse con la jefatura diaguita bajo representación de la poderosa señora étnica Doña María Lainacacha, figura clave en la alianza hispano-diaguita. Lainacacha se presenta en litera en hombros de súbditos, acompañada de su jefe de armas, con gran acompañamiento, alfombra roja y mobiliario “a la española” preparado ad hoc por Monroy. Esa escena muestra una jefatura femenina diaguita que ocupa un lugar análogo al de un gobernador o curaca mayor, cuya decisión de alianza condiciona la suerte de toda una región.
Hablar de Estado diaguita es reconocer una organización política compleja en la historia argentina originaria
Parte de la presentación
Memoria sherkain y lengua kakán: resistencia de larga duración
Simultáneamente, se abre un segundo eje: la memoria sherkain y la lengua kakán como vectores de continuidad histórica. Apesteguía relata el proceso de “redescubrimiento” del kakán a través de personas que guardan el conocimiento y hacen su aporte a la historia, desde dentro de su propia tradición, como es el caso de Bimma Olka / Waira Rita del Valle Cejas, guarda memoria diaguita, quien mantenía la lengua como lengua ritual heredada de su abuela. Según su testimonio, tras las Guerras Calchaquíes durante el período colonial, la lengua fue proscrita y castigada con la mutilación (cortar la lengua u orejas de los hablantes). Para sobrevivir, las comunidades elaboraron una estrategia de transmisión en la clandestinidad, marcada por el rito de atravesar la lengua con una espina como recordatorio del tabú, guardando de este modo el secreto de abuela a nieta, durante mas de tres siglos y medio.
Cuando las migraciones y el vaciamiento rural rompen este ciclo de transmisión (las nietas se van a la ciudad), Wayra solicita permiso al “Consejo de Mujeres que ya no menstrúan” para difundir la lengua más ampliamente. Esa decisión política interna marca el paso de una fase de resistencia silenciosa a otra de reivindicación pública de la identidad sherkáin. El relato de la Gran Travesía, Katí:ba kee nálo, mito fundacional de los sherkáin, y la larga marcha guiada por la llama blanca Tálka Yáne, hasta los valles donde se asientan los diaguitas, encaja, según los autores con la “historia larga” documentada en las fuentes: una expansión de larga duración que combina desplazamientos, fusiones culturales y consolidación política.
La lengua kakán y el nombre sherkáin son pilares de una Historia Argentina Originaria que sobrevivió a la conquista
Reciprocidad, dualismo andino y cosmovisión diaguita
El tercer eje del episodio es la lógica de reciprocidad de las culturas nativas de América, que los diaguitas llaman sinasina, que áun pervive junto al dualismo andino. A partir de expresiones como sinasina (“media sombra”, mitad y mitad) y fórmulas de saludo como Gerita Merim Achec (“juntos hagamos todo”), se describe una cosmovisión donde la reciprocidad atraviesa todas las esferas: trabajo comunitario, relaciones entre ayllus, vínculos con animales, fenómenos naturales y entidades telúricas (Apus o cerros sagrados, lagunas, ríos y la conexión y equilibrio entre ellos). Las palabras de Doña Rosa de Caro ilustran esta concepción integradora en la que música, paisaje y comunidad forman un solo tejido.:
“La caja es el golpe del corazón, el agua que corre, el viento; la copla es cómo contamos nuestra tristeza, nuestro enamoramiento y nuestro trabajo”
La historia argentina originaria se entiende mejor cuando incorporamos la reciprocidad y el paisaje sagrado como actores
Por qué la historiografía tradicional argentina ignoró al Estado Diaguita
Finalmente, los autores subrayan que la falta de reconocimiento del Estado diaguita en la historiografía argentina responde a un sesgo eurocéntrico —entre ingenuo y mal intencionado— que sostenía que la Historia “empieza” con la conquista. La insistencia escolar en presentar “culturas” en fila —pampas, comechingones, guaraníes, diaguitas, sanavirones y tantos otros— como variantes menores de un mismo modelo «tribal», ha borrado las diferencias estructurales entre sociedades segmentarias y sociedades estatales y nos ha privado del conocimiento de hechos críticos que forman parte de nuestra herencia.
Argentina Originaria se propone corregir ese desequilibrio, recuperando escenarios históricos que nos ayudan a entender el presente, integrando la voz de las comunidades actuales, la arqueología regional y las crónicas coloniales en un mismo marco analítico de larga duración.
En suma, este primer episodio sobre el Estado Diaguita establece las bases conceptuales y empíricas para abordar en futuros capítulos el conflicto directo entre el Estado diaguita y el Imperio inca, y más tarde, la irrupción de la Monarquía Hispánica, desde un punto de vista analítico y adulto.
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