
Nº1
Fragmento del libro III «Los Incas en Córdoba». Viaja a un tiempo en que Córdoba era frontera viva con el Tawantinsuyu,
El plan inca para entrar en Argentina
Cercando a los diaguitas con trabajadores extranjeros
“Habían emprendido su conquista en base a un plan gigantesco, dispuesto a llevar todos los elementos de su vida civil y de su cultura teocrática. Con orden admirable establecieron una red hacia las latitudes australes, buscando a Córdoba como asentamiento principal, dentro de toda una estrategia que modernamente podemos vincular con la geopolítica. La meta inmediata era extenderse hacia el Paraná y envolver así a los guaraníes, tomándolos por la espalda. No olvidemos, nos recuerda Baudin, que una invasión belicosa de los guaraníes, provenientes de las selvas orientales, había fracasado bajo las murallas de los fuertes de frontera, poco tiempo antes de la llegada de los españoles”.
Carlos Ighina en “La Córdoba de 1918. «A los 80 años de la Reforma Universitaria”, 2008.

Coronación del Inca wiraqocha
La llegada de la embajada inca-diaguita proveniente de Argentina y Chile, a la coronación de Wiraqocha debe haber incitado al inca a iniciar un plan de mejor control de esos recursos y de expansión hacia el sur, apoyándolos con tropas y militarizando la región, lo que da inicio a la Primera Guerra Inca-Diaguita (1410-1420). Según Montesinos, tras la victoria de los incas sobre los diaguitas más cercanos, el mismo Inca Wiraqocha, acompañado de parte de su corte, habría viajado a Chile, entrando por Jujuy y el norte de los Valles Calchaquíes, aunque no se interna en ellos, ya que aún no habían sido conquistados. Según Montesinos,
“Llegó el Inga (Wiraqocha) a Chile; todos los Señores (diaguitas) más principales del reino le dieron obediencia; recibiólos con mucho amor. Pero vivía vigilante y recatado, porque conoció en ellos intención altiva. Dióles muchos dones, con que les ganó sus voluntades. Estuvo dos años en Chile; dejó a sus sobrinos ya obedecidos y quietos; dióles órden que siempre tuviesen en su corte a los bulliciosos e inquietos, y que, con alguna buena ocasión, los privase de sus vidas. Dió con esto vuelta al Cuzco; y trujo consigo los hijos de los Señores, como en prenda de seguridad de lo hecho, y para que aprendiesen la lengua general, que su padre había mandado a entablar en todos sus reinos…” (Montesinos 1882 [1642]:135)
En su historia oficial, la élite inca se consideraba heredera del remoto Imperio Tiwanaku, cuya máxima expansión se había producido entre los siglos 8 y 11 y, en tanto herederos de aquel legado religioso y tecnológico, los incas se auto percibían como portadores de La Misión de gobernar el mundo, sin duda una Misión con mayúsculas [Bueno Mendoza 2000:112].
Al momento de la intervención europea en América del Sur, a finales del siglo 15, la mayor entidad política del subcontinente era el Tawantinsuyu, un vasto imperio pluriétnico bajo el liderazgo de la élite inca, habitado por unos 10 millones de habitantes, cuando en la misma época, la península ibérica contaba con 6 [Pärssinen 2003:130].
Lo que le daba su carácter imperial al estado andino, era su capacidad de implantar la política diseñada en su capital, Cuzco, sobre una multitud de naciones bajo su dominio y en sitios remotos de un extenso territorio, apelando para ello tanto a la vía diplomática como a la fuerza militar, mediante un conjunto de herramientas políticas que iban desde la influencia tecnológica y cultural hasta la ocupación y la deportación masiva de personas…

Libro II
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Túpaq Yupanki, el conquistador de Córdoba
“Hacer relación a Su Majestad como están las provincias de Conlara,
tierras vistas bien pobladas cincuenta leguas de esta ciudad
y las provincias de Comechingones a sesenta leguas de esta ciudad
y que hay clara certidumbre estar cierta cantidad de ingas,
pobladas cuarenta y cinco leguas de esta ciudad;
las cuales dicen proceder y descender de los ingas, del Perú,
que se entraron conquistando la tierra adentro, y entiéndese
que es lo que vió César, según que V.M. más largamente ha oído y visto”.
.
Del Cabildo y Ciudad de San Juan de la Frontera, al Rey, antes de 1575
(Bárcena, 1999)
Tupaq Yupanqui (1430-1493) resulta ser el inca más importante para entender la Córdoba con la que se encontraron los españoles. Fue Tupaq quien llevó a cabo la parte crucial del programa de colonización del centro argentino mediante el plan de encerrar y bloquear a los diaguitas. Un programa de colonización que continuó durante los sucesivos gobiernos de su hijo Wayna Qhapaq, y nietos Waskar y Pawllu, éste último ya con presencia hispana.

Campañas de Tupaq en Argentina años1471
Como puede verse en el mapa de la izquierda, para lograr sus objetivos de conquista, Tupaq se apoyó en la colonia de diaguitas incaizados por su abuelo Wiracocha, en el Norte Grande chileno, a principios del siglo 15, y en la colonia cuyo-warpi que posicionara su padre Pacha Kutiq en 1.440, en Mendoza y San Juan.
Sin embargo, para lograrlo, y dada la rebeldía de los Valles Calchaquíes, debía primero hacerse con el control de la frontera oriental tucumano- santiagueña, para poder rodearlos completamente. No era tarea fácil, las distancias eran enormes en territorios poco explorados, y los pueblos de las tierras bajas eran social y políticamente muy diferentes a las sociedades andinas. Pero Tupaq no era ningún novato en la política ni en la guerra con los aucas (pueblos de las tierras bajas).
Pronto veremos qué es lo que hizo para lograr sus objetivos, pero para entender cabalmente su situación y disponibilidades, debemos recorrer algo de su historia.
Túpaq Yupanqui era uno de los muchos hijos de Pacha Kutiq y Mama Anawarqui. Habría nacido en el Cuzco hacia 1.430 E.C. pero, al no ser primogénito, su destino fue el de educarse y participar desde temprano (aproximadamente desde los 12 años) en las campañas militares. Normalmente, los jóvenes andinos hacia los 12-14 años pasaban el rito del warachikuy, en el cual se hacían diversas pruebas de destreza física como velocidad, puntería, combates simulados, y resistencia al sueño, y comenzaban a trabajar o, en el caso de las élites, a estudiar en las Yachay Wasi (universidades) y entrenarse militarmente. A los 18 años ya podían casarse y convertirse en aucakamayuq, adultos. Los hijos de las élites entonces “eran armados caballeros”, en la jerga hispana. En ese momento, entre los 18 y los 24 años, los jóvenes obtienen su nuevo nombre que los acompaña socialmente.
El ejército al que se incorporó Tupaq, estaba formado por escuadrones y regimientos permanentes, organizados en bloques de 10, 100 y 1.000 combatientes, los hatun runas (hombres comunes, tropa), eran comandados respectivamente por generales (Apus o Señores Poderosos), oficiales superiores (Uturunku o Jaguares) y oficiales de menor rango (Usqullu o Gatos Monteses y quizás uquchas). Los hatun runas levados cumplían con un servicio militar obligatorio, tras lo cual volvían a su respectivo ayllu, su comunidad local. Los batallones estaban conformados por una sola etnia, y dirigida por un kuraqa de la misma y llevaban su vestimenta y emblemas distintivos para ser reconocidos con facilidad. Si moría, era reemplazado por otro kuraqa del mismo grupo. A la vez, cada etnia estaba dividida en dos batallones, la dualidad andina de hanan y lurin (hurin), y sus generales respectivos competían con su compatriota para lucirse y alcanzar un mayor rango, lo que a la vez hacía muy difícil que hubiera rebeliones internas.
Para cuando Pacha Kutiq realiza su primera campaña al sur, reforzando su presión sobre los vencidos chankas, pero también sobre los Soras, Lucanas y el Kollao en general (ca. 1.450), Tupaq terminaba su formación, preparándose para convertirse en aucakamayuq. Dada su edad y carisma guerrero, es muy posible (no tenemos evidencias certeras) que el joven Tupaq haya participado de aquella primera campaña, liderada por el propio Pacha Kutiq, quien luego retornó al Cuzco, envió a sus capitanes para las siguientes campañas en Arequipa.
Estaba establecido que el Inca debía movilizarse de forma constante, para actividades mensuales pautadas por el calendario local cusqueño o para periodos de viajes según ciclos anuales de tres años de recorridos y tres años de permanencia en Cuzco en el caso de Pacha Kutiq (Garcilaso de la Vega 1991:313, 450; Betanzos 2010:165-169 [1551]), que se extendieron a periodos de cuatro años de viaje para Tupaq Yupanqui (Garcilaso de la Vega 1991:491) y Wayna Qhapaq (Betanzos 2010:227 [1551]). Aunque los incas se alejaban en sus campañas de conquista, su poder en el Cuzco era renovado mediante rituales fijados en su calendario, habilitando así espacios rituales fuera del Cuzco, pero de similares características solemnes (ver Garcilaso de la Vega (1991:496 [1609: libro octavo, cap. 3]). Cada inca que asumía debía renovar alianzas con los diferentes grupos étnicos y consolidar lo conquistado, por lo que recorrían nuevamente territorios ya anexados y reconquistaban ayllus ya incorporados antiguamente, incluso en los alrededores del Cuzco (Hernández 2012:253). Ciertos Incas volvían a conquistar zonas anteriormente sujetadas por sus antecesores, pero en muchos casos correspondían a representaciones rituales y no precisamente a conquistas en términos occidentales (Pease 2007:50).
El Inca y su corte personificaban la territorialidad viva, con el Inca representando al Cuzco, centro móvil del Tawantinsuyu (Cummins 2005:36). Fray Martín de Murúa (2004:131[1590:fol.55r]) menciona que el Inca se desplazaba acompañado y cargado en andas siempre por los líderes principales representantes de los cuatro suyus (Kollasuyu y Chinchaysuyu, Kuntisuyu y Antisuyu).
Luego de una campaña al Cuntisuyu, realizó su campaña al sur, al Kollao, de la que dice Betanzos que Pacha Kutiq “quiso enviar a sus hijos a que conquistasen el collasuyu”, y es allí donde Tupaq destaca como líder militar, al frente de tropa, pero bajo las órdenes de su tío, el veterano Qhapaq Yupanqui, junto a primos, cuñados y demás parientes de la panaca (familia real). Allí Tupaq tomó sus responsabilidades y mostró pasta de líder. Atacaron al Hatun Kolla en los alrededores del Titicaca y luego “surearon” hasta Charkas (centro-sur de Bolivia). A medida que iban venciendo despoblaban algunas regiones y traían a cientos de prisioneros como mitimaes de las regiones ya conquistadas para repoblar un nuevo sitio con trabajadores “mansos”. Una vez pacificado el territorio hasta la aliada Charkas, territorio de los soldados del destacado líder charka, el mallku Qullqi 1º —designado por Pacha Kutiq con el título honorífico de “Inka Provincial” por su ayuda con tropas en la conquista contra los diaguitas y que años después serán conocidos como qaraqaras— Tupaq Yupanqui volvió al norte acompañado de miles de soldados sureños (collas, chichas, diaguitas) para sus campañas militares expansivas en Perú y Ecuador.
En esta primera etapa de formación estratégica, Túpaq toma contacto por primera vez con las naciones al sur del altiplano, pero no realiza ningún avance personal sobre ellas. Como vimos, en ese momento, más allá de Charkas, los incas solo tenían una pequeña colonia en el norte Chileno, fruto de una alianza con diaguitas de los valles del Pacífico, que había realizado Wiraqocha, el abuelo de Tupaq. Aprovechando ese primer pie en el sur, su padre, Pacha Kutiq, había posicionado mitimaes cuyo-warpi al pie del sagrado cerro Apu Akon Kawak (Aconcagua), el pico nevado más alto de los Andes, un detalle no menor en la cosmovisión andina.
El Inca y su corte personificaban la territorialidad viva, con el Inca representando al Cuzco, centro móvil del Tawantinsuyu (Cummins 2005:36). Fray Martín de Murúa (2004:131[1590:fol.55r]) menciona que el Inca se desplazaba acompañado y cargado en andas siempre por los líderes principales representantes de los cuatro suyus (Kollasuyu y Chinchaysuyu, Kuntisuyu y Antisuyu).
Luego de una campaña al Cuntisuyu, realizó su campaña al sur, al Kollao, de la que dice Betanzos que Pacha Kutiq “quiso enviar a sus hijos a que conquistasen el collasuyu”, y es allí donde Tupaq destaca como líder militar, al frente de tropa, pero bajo las órdenes de su tío, el veterano Qhapaq Yupanqui, junto a primos, cuñados y demás parientes de la panaca (familia real). Allí Tupaq tomó sus responsabilidades y mostró pasta de líder. Atacaron al Hatun Kolla en los alrededores del Titicaca y luego “surearon” hasta Charkas (centro-sur de Bolivia). A medida que iban venciendo despoblaban algunas regiones y traían a cientos de prisioneros como mitimaes de las regiones ya conquistadas para repoblar un nuevo sitio con trabajadores “mansos”. Una vez pacificado el territorio hasta la aliada Charkas, territorio de los soldados del destacado líder charka, el mallku Qullqi 1º —designado por Pacha Kutiq con el título honorífico de “Inka Provincial” por su ayuda con tropas en la conquista contra los diaguitas y que años después serán conocidos como qaraqaras— Tupaq Yupanqui volvió al norte acompañado de miles de soldados sureños (collas, chichas, diaguitas) para sus campañas militares expansivas en Perú y Ecuador.
En esta primera etapa de formación estratégica, Túpaq toma contacto por primera vez con las naciones al sur del altiplano, pero no realiza ningún avance personal sobre ellas. Como vimos, en ese momento, más allá de Charkas, los incas solo tenían una pequeña colonia en el norte Chileno, fruto de una alianza con diaguitas de los valles del Pacífico, que había realizado Wiraqocha, el abuelo de Tupaq. Aprovechando ese primer pie en el sur, su padre, Pacha Kutiq, había posicionado mitimaes cuyo-warpi al pie del sagrado cerro Apu Akon Kawak (Aconcagua), el pico nevado más alto de los Andes, un detalle no menor en la cosmovisión andina.

El cerco al Estado Diaguita tras las campañas de Pachakuty y Túpaq, mientras los guaraníes presionan sobre el hinterland arawaq
El cerco al Estado Diaguita tras las campañas de Pachakuty y Túpaq, mientras los guaraníes presionan sobre el hinterland arawaq (Elaboración propia, en base a textos de Juan Díez de Betanzos, 1557, Felipe Guamán Poma de Ayala, 1615, Diego Felipe de Alcaya, 1629, Fernando de Montesinos 1639)
